Hasta bien entrado el siglo XXI, los videoclubes del centro de Pilar se las arreglaron para sobrevivir luego de una época de oro en los años '8' y '90.

Como sobrevivientes de otros tiempos, en los que para ver una película en casa era necesario poner el cuerpo, los videoclubes de Pilar se las ingeniaron hasta bien entrado el siglo XXI para continuar vigentes en un mundo en el que los últimos títulos pueden ser vistos en cualquier televisor, celular o computadora, aún antes de su estreno en cine.

Fiel exponente de la vieja guardia, en la avenida Tomás Márquez permaneció en plena actividad hasta 2019 el videoclub Simeoni. Estaba activo desde octubre de 1989, época en la que en Pilar ni siquiera había llegado la televisión por cable. Fundado por Pablo Simeoni y Ethel Taroni, allí llegaron a reunir 5.000 títulos en VHS (casetes para videocasetera, que en un momento también se alquilaban) y más de 3.000 en DVD, cuando irrumpió esta tecnología.

En diálogo con El Diario en 2011, Martín Simeoni recordaba que “era el negocio de la época. Con los años hubo que ir adaptándose, pero uno siempre trató de mantenerse ahí, con lo último que iba saliendo, de tener una especie de videoclub ‘histórico’, con películas que no se consiguen en ningún lado”. Para él, el secreto “fue mantenerse con una línea, siendo unos de los únicos que quedan de aquella época”.

La época dorada de los videoclubes del centro de Pilar nació a mediados de la década de 1980, como el Pilar Video Club, de la familia Porrez; Keops, en Lagrave y Chacabuco; o bien el ubicado en el por entonces novedoso Paseo Bianea-; sin olvidar al video de Juan Rufat en el barrio Tropiano. A fines de esa década y durante los ’90, los líderes fueron Simeoni y Pardal, aquel ubicado en la calle Rivadavia que tenía una gran cantidad de títulos en sus pasillos intrincados.

Todos los días, pero especialmente los fines de semana (en los que no cabía un alfiler), los videos se llenaban de vecinos ávidos por llevarse los mejores títulos, esperando con ansiedad algún “estreno”, que de seguro ya había aparecido en las grandes salas varios meses antes.

Arturo "Torito" Barraza estaba al frente del videoclub Del Pilar: el local abrió en 1992 y con los años él quedó como propietario, pasando por dos ubicaciones previas aunque esté identificado con la esquina de Ituzaingó y Lorenzo López, donde se encontró hasta hace poco más de una década. “El negocio es muy diferente –afirmaba Barraza en 2011-, ahora la gente se puede bajar la película en la casa, por eso el videoclub ya casi no funciona”. Como una manera de adaptarse, la venta superó al alquiler, “por eso vendo algunas películas, además me quedaron un montón de VHS y no sé qué hacer con ellos”.

El hombre comentaba que “alquilo juegos de play station, pero los chicos siempre quieren más. O me vienen a preguntar por películas que no se pudieron bajar, pero todavía no salieron en forma oficial, así que es difícil tenerlas”. Lejos de la época dorada de los videoclubes, Barraza indicaba que “los domingos ya no abro porque no se justifica, pero antes era un día de los más fuertes: la gente alquilaba películas viernes o sábados, y las venía a devolver los domingos, y siempre algo más se llevaba”.

Conocénos

No son leyendas, ni se aplica el rigor del historiador: está compuesto por relatos sobre vecinos, personajes y sucesos que marcaron al distrito a lo largo del tiempo, especialmente en el sigo XX.

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