Josefa fue la hija mayor de Santiago Derqui. La casaron a los 13 años y su vida fue siempre en declive. Alfredo Palacios le tendió una última mano. Sus restos están en el cementerio de Pilar.

Nació en el seno de una familia acomodada, fue transitando un camino desde el esplendor a la miseria y pasó sus últimos días en Presidente Derqui, el pueblo que lleva el nombre su padre: Josefa Derqui, hija de Santiago y cuya historia de vida aún conmueve.

Conocida por el apodo de Pepita, Josefa nació en Corrientes en marzo de 1852, en el seno de una familia acaudalada. Su padre fue presidente de la nación tan sólo un año y ocho meses, desde el 5 de marzo de 1860 hasta el 5 de noviembre de 1861, cuando abandonó su cargo para huir a Montevideo tras la derrota en la batalla de Pavón.

 El exilio de los Derqui en Uruguay provocó que el patrimonio familiar se fuera escurriendo para subsistir, hasta llegar a la pobreza. Cuando pudieron volver a Corrientes, Santiago Derqui se recompuso en parte al trabajar como abogado, per ya no era el mismo: sumido en la depresión, falleció en 1864.

“Se extinguió sin padecer ni un leve dolor físico”, escribió su propia hija en una carta. Como había sido incluso excomulgado, durante días su cuerpo no pudo sepultarse hasta que recibió el “perdón” eclesiástico.

Poco tiempo después, Pepita fue obligada a casarse cuando apenas tenía 13 años con el rico abogado Wenceslao Díaz Colodrero, de 39. Con él tuvo a sus dos hijos, Eduardo y Santiago.

El hombre llegó a ser ministro provincial y senador nacional, pero la vida le tenía preparado un nuevo golpe a Josefa, quien enviudó en 1876 a los 24 años.

Traslado

Al enviudar, Pepita vio también como perdía posición y dinero. Su vida seguía siendo un interminable sube y baja. El golpe definitivo para abandonar Corrientes llegó en 1901 con la muerte de su hijo Santiago debido a un ataque cardíaco.

Tras un primer paso por la Capital Federal, al cabo de unos años la mujer llegó –por intermedio de una amiga- a una pensión de un pueblo en ese momento alejado de las grandes urbes, que por una extraña jugada del destino homenajeaba a su padre: Presidente Derqui.

Quien le alquilaba la humilde pieza era el catalán Antonio Furnés por una suma de 30 pesos mensuales. Sin embargo, para ese entonces Josefa Derqui ya estaba prácticamente en la indigencia, lo que hizo que se acumulara la deuda, a pesar de que Furnés siempre se mostró comprensivo con la situación.

El rumor de que la única hija con vida de Santiago Derqui estaba viviendo en la pobreza atrajo a parte de la prensa e incluso a actores de la política nacional…

El ocaso

Uno de los principales investigadores sobre la vida de Josefa Derqui fue el historiador Mario Tesler, quien vivió en Pilar a fines del siglo XX e indagó acerca de la hija mayor de quien fuera uno de los primeros presidentes constitucionales.

Así fue cómo dio con una entrevista realizada a Pepita por parte de la revista El Hogar, reportaje firmado por el periodista Benigno Herrero Almada. En ella se indica que vivía en “una calle de tierra a siete cuadras de la estación”, cobrando una escueta pensión de la Lotería Nacional.

Sobre su estadía, Josefa decía disfrutar cuando “por esa ventana entra la luz de la luna hasta mi cama. Un verdadero lujo para una habitación tan modesta”.

Y agregaba: “Es verdad que Dios no abandona a sus criaturas… Pero a veces pienso si Él, que se llevó a los míos, no se habrá olvidado de mí, que soy tan poca cosa”. Su soledad al menos no era total, ya que era querida por vecinos y dos niñas que solían hacerle compañía.

El historiador recuperó además una anécdota que pinta tanto a Josefa como a Furnés: en 1934, la mujer sufrió una grave bronquitis por lo que resolvió darle al propietario todos los pesos que le quedaban. “Usted a mí no me debe nada –fue la respuesta-. Este dinero es suyo y la casa también”.

Quien también la visitó su habitación de Derqui fue nada menos que Alfredo Palacios, el mítico caudillo y legislador socialista. Al constatar cuáles eran las condiciones en las que vivía, acompañó el pedido ante el Congreso Nacional de otorgarle una pensión civil. Eran 150 pesos mensuales durante cinco años.

Tras la aprobación del Senado, el pedido pasó a Diputados, pero la burocracia hizo que “durmiera” esperando la revisión, transcurriendo varios meses sin que la ayuda se materializara.

Precisamente, Tesler deduce que la nota periodística de El Hogar –una revista con peso en esas épocas- fue una manera que encontró Palacios para presionar y destrabar la solicitud.

El proyecto por fin fue sancionado el 9 de agosto de 1935, a más de un año de la petición original.

Josefa Derqui falleció el 14 de septiembre de 1936, a los 84 años. Fue sepultada en el cementerio municipal de Pilar, en el sector D (a pocos metros de las bóvedas de Tibor Gordon y Tomás Márquez, por ejemplo).

La tumba fue declarada “monumento histórico municipal” en 1974 por iniciativa del concejal derquino Teófilo Tolosa. La placa menciona a Josefa Raquel Derqui de Díaz Colodrero, más conocida como Pepita Derqui, protagonista de una vida que comenzó entre lujos y terminó en una pensión con piso de ladrillos y cuyo mayor atractivo era la luz de la luna entrando cada noche por la ventana.

 

Fuentes

-“Josefa ‘Pepita’ Derqui, la olvidada hija correntina del presidente”, Verónica Tossutti. www.ellitoral.com.ar, junio de 2022.

-“Tres mujeres en Pilar”, Mario Tesler. Editorial Dunken, Buenos Aires, 2000.

Conocénos

No son leyendas, ni se aplica el rigor del historiador: está compuesto por relatos sobre vecinos, personajes y sucesos que marcaron al distrito a lo largo del tiempo, especialmente en el sigo XX.

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