En septiembre de 1923, Isidro Laroza construyó una radio a galena para que los vecinos pudieran oír el combate entre Luis Ángel Firpo y Jack Dempsey.
El almanaque marca el viernes 14 de septiembre de 1923. Pilar es un pueblo incipiente, con su iglesia recién terminada luego de un siglo de obras. Silvio Braschi es el cura párroco y el radical Manuel Martignone está al frente de la intendencia.
La llegada de los medios de comunicación es todavía una utopía, salvo las ediciones impresas de Francisco Lauría. A pocos metros de la plaza 12 de Octubre un vecino del centro, Isidro Laroza, atrae a una gran cantidad de personas ya que el suyo es el único hogar que transmitirá lo que todos quieren oír: el combate entre Luis Ángel Firpo y Jack Dempsey, la Pelea del Siglo, la gesta por el título mundial de pesos pesados.
La dirección es San Martín 633, a pocos metros de la esquina emblemática que fue panadería, paseo comercial y un lugar para el recuerdo. Allí vivía Isidro, quien se daba maña para absolutamente todo, un autodidacta con una llamativa habilidad para los trabajos manuales.
Por eso, no extrañó que ante la inminencia de la pelea el vecino construyera una radio a galena, artefacto rudimentario pero efectivo para captar señales que permitiese, al menos durante unos minutos, poder escuchar el acontecimiento deportivo que paralizaba a la Argentina y gran parte del mundo. Una vez terminada, la radio fue instalada con un parlante en el zaguán, lista para recibir a los visitantes.
La pelea tuvo lugar en el Polo Grounds de Nueva York. Era la primera vez que un latinoamericano buscaba el cinturón mundial de los pesados, de allí la expectativa de todo un continente.
A miles de kilómetros, una muchedumbre se juntó en la vereda de los Laroza ya desde bien temprano para no perderse ningún detalle. La colocación del parlante fue fundamental, ya que ese tipo de radios solían emitir a un volumen mucho más bajo del necesario para escuchar un evento de esa magnitud.
Multifacético
Isidro Laroza era hijo de un decorador francés, Jean Andre La Rose Chelifer, que fue maestro masón y descendiente de nobles.
Además de ser el “héroe” que fabricó una radio a galena para que en Pilar se pudiera escuchar la pelea Firpo-Dempsey, fue un autodidacta que practicó remo y esgrima. Entre sus varios oficios fue armero y también fotógrafo durante una época muy particular: era el encargado de tomar las fotos post mortem, una práctica habitual en esos años.
Sin embargo, su mayor actividad fue la de relojero, siendo encargado del reloj de la Iglesia Nuestra Señora del Pilar. Allí solía llevar a su nieto Jorge y, con un catalejo, juntos veían desde la torre hasta la Basílica de Luján.
Laroza tocaba un instrumento bastante raro, el “serrucho”, al que hacía sonar con un pequeño martillo obteniendo sus notas musicales según los pliegues que tenía la hoja. Fue también maquillador de los grupos teatrales de aquella época y más, hasta su fallecimiento en 1980. Pero volvamos a la pelea…
Combate
Ya son cerca de las 23 en Buenos Aires. El locutor anuncia que se inició la pelea. Todos oyen con ansiedad, alguno intenta meter un bocado y se lo silencia al instante. La tensión domina el ambiente.
Hace 100 años, las reglas del boxeo eran distintas: no había límite de caídas ni cuenta de protección. Además, quien permanecía de pie no tenía que ir al rincón opuesto. Apenas suena la campana, Dempsey sale a arrollar a Firpo. A pesar de su guapeza, el Toro Salvaje de las Pampas cae nada menos que siete veces en los primeros minutos del round inicial.
Cuando está por terminar el primer asalto, se para el mundo: Firpo logra conectar un golpe que no sólo hace caer al campeón sino que además lo lanza fuera del ring. Los gritos de júbilo casi tapan el sonido de la radio. Pero en Nueva York pasan cosas raras… el árbitro no cuenta, se distrae forzadamente en otros detalles, Dempsey es ayudado a volver al ring, Firpo nota que su victoria se escurre. Pasan casi 15 segundos hasta que el estadounidense vuelve al cuadrilátero. “¡Ladrones!”, es el grito más escuchado a metros de la plaza pilarense, junto a otras palabras irreproducibles.
El segundo round será el último. Firpo tiene una fractura en el codo pero no se rinde. Dempsey, recuperado tras la ayuda recibida, vuelve a arremeter. El argentino cae dos veces y ya no hay más. Termina la pelea y nace la leyenda en ese mismo instante.
A 8.500 kilómetros de allí, los pilarenses charlan un rato más sobre la pelea. De a poco comienzan a dispersarse, cada uno a su casa por las calles de tierra. Isidro Laroza apaga la radio a galena y cierra la puerta.