Por estos días, los vecinos de Pilar están viviendo un nuevo Carnaval, período que –más allá de los cambios de época- a lo largo de los años tuvo un denominador común: la alegría de todo el pueblo.
Desde las carrozas de antaño hasta los espectáculos que actualmente se llevan a cabo en el Polideportivo Municipal, en Pilar el Carnaval ya lleva un siglo de festejos, periodo marcado por la dedicación puesta por cada uno de los pilarenses que forma parte del evento.
Como era feriado, el festejo se extendía hasta el martes, tal como volvió a ocurrir en 2010 luego de una larga interrupción decretada en la última dictadura.
El Municipio distribuía los espacios alrededor de la plaza y aportaba la iluminación. Por su parte, durante meses las subcomisiones de clubes y otras entidades trabajaban a pulmón para estar a la altura de la circunstancias cuando llegara el gran momento.
Todos querían ser premiados como mejor carroza o mejor comparsa, así como contar en sus filas con la Reina del Carnaval. Una vez comenzado el carnaval, los carruajes se contaban por decenas, en una dedicación solo comparable a la de las Fiestas Patronales.
Lluvia de estrellas
Eran épocas en las que los clubes Atlético, Sportivo, Peñarol y San Lorenzo traían a lo mejor del momento, tanto orquestas como grupos y solistas.
Por Sportivo pasaron, entre otros, Palito Ortega, Julio Sosa, Estela Raval y los Cinco Latinos, Johnny Tedesco y más. En el Rancho se lucieron Juan D´Arienzo, Oscar Alemán y el propio Palito, por mencionar algunos.
Allá por 1960, Atlético organizó el Carnaval de Antaño, fiesta temática sobre los albores de nuestra historia. Para la celebración se trajeron especialmente carrozas presidenciales desde Campo de Mayo, que durante la noche eran custodiadas por soldados a caballo. Cuenta la leyenda que un grupo de socios de Sportivo engañó y emborrachó a los uniformados, robándoles los caballos. A la mañana siguiente, los equinos aparecieron en el centro de Pilar… luciendo carteles del Rojo de la Avenida.
En paralelo, lo mismo sucedía en Presidente Derqui, donde los corsos tenían lugar en la Avenida de Mayo. En sus albores, el Club Presidente Derqui recibió a estrellas como Sandro, Alberto Castillo o los Wawancó. Incluso, en la localidad se llevaban a cabo carnavales de invierno.
Algarabía
El carnaval de Pilar se extendía durante varios días y no había distinción de edad, sexo o clase social: todos los vecinos se fundían en una misma celebración.
Como ya se marcó anteriormente, las comparsas y carrozas partían desde las cinco esquinas hacia la plaza 12 de Octubre, donde esperaba una multitud. Allí, los más afortunados conseguían ocupar alguna de las sillas ubicadas alrededor de la plaza, mientras que el resto miraba de pie.
Una vez terminados los festejos “oficiales”, comenzaba la guerra de agua. Eso sí: siempre después de la medianoche, cuando sonaba una sirena que anunciaba el visto bueno para comenzar a empaparse.
El ingenio nunca decaía. A principios de los ’60, en Atlético Pilar se apuntó a lo temático y se llevaron a cabo, sucesivamente, el Carnaval del Circo, el de Antaño y el de Oriente, por ejemplo. Los disfraces se alquilaban en casas de teatro de Capital.
De la misma forma, con la proliferación de los colegios en el centro de Pilar, sobre todo con la llegada de los Secundarios en la década del ‘60, los jóvenes del pueblo fueron tomando un lugar cada vez más protagónico.
Con el correr de los años fueron introduciéndose modificaciones a la celebración. Ya en el siglo XXI el carnaval se trasladó a otros escenarios del casco céntrico, como la Avenida Tratado del Pilar y la ruta 8, desde San Martín hasta Francisco Ramírez.
La versión actual lo encuentra en el Polideportivo, frente al acceso a Pilar desde la ruta 28. Cambiaron los tiempos, los lugares y los rostros, pero aquel denominador común que siempre fue la alegría del pueblo se mantiene inalterable.