Un mártir de Presidente Derqui, el sitio único, una mochila cerrada, la foto de un abrazo... A 43 años del desembarco argentino en las islas, un puñado de vivencias y acontecimientos que vinculan al Partido de Pilar con la gesta de 1982.
Se cumplen 43 años del desembarco argentino en las Islas Malvinas, acción que fue el prólogo de una guerra que aún resuena en el espíritu de los argentinos. Numerosos son los pilarenses que fueron enviados a combatir en el Atlántico Sur, cada uno de ellos con una historia compartida y a la vez particular. Además, la instalación en Pilar del único cenotafio del país refuerza aún más el sentimiento de los vecinos hacia las islas.
Las vivencias, anécdotas y secuelas son interminables e imposibles de relatar en un único texto. A continuación, algunos de los vínculos entre Pilar y la Guerra de Malvinas, entre un espacio de memoria, una pérdida irreparable y un legado para las generaciones futuras.
Único en su especie
En el kilómetro 6 de la ruta 28 se instala uno de los más valiosos atractivos históricos de Pilar: el Cenotafio de Malvinas, monumento único en su tipo en el país que es réplica del cementerio militar de Darwin, habilitado por el Reino Unido en la Isla Soledad para sepultar a los combatientes argentinos que murieron durante el conflicto bélico.
Inaugurado el 2 de abril de 1992, el lugar comprende 6 hectáreas donde se ubican 649 cruces blancas identificadas con nombre de los caídos. Su creador fue el Padre José “Tito” Fernández, con el objetivo de recordar a los héroes de Malvinas.
El sacerdote había sido capellán del Batallón Arsenales en la Guerra de Malvinas y permaneció en las Islas junto a los soldados hasta el día de la rendición. Años más tarde, en Pilar pudo materializar su sueño.
Con el tiempo, el predio fue agregando infraestructura y materia de interés. En él se edificó la copia exacta en forma, medidas y ornamentos de la capilla católica Santa María, de Puerto Argentino. Entre los atractivos del lugar se destacan un Hércules C130 y un Mirage M-5D, ambos traídos desde la Base Aérea de Tandil.
Está acompañado por distintas armas de guerra, la cola de un helicóptero y otros objetos históricos y fotográficos de época.
Nuestro héroe
A la Guerra de Malvinas le restaban dos semanas, los combatientes defendían con valentía los embates británicos y un derquino se transformaba en héroe eterno: el 1º de junio de 1982 murió el Comodoro (post mortem) Hugo César Meisner, único vecino caído en la contienda del Atlántico Sur.
Cordobés de nacimiento, se había radicado en el distrito cuando prestaba funciones como piloto y aeronavegante de la Fuerza Aérea Argentina, primero en la base de El Palomar y luego en Moreno.
En 1982, Meisner tenía 43 años, estaba casado y era padre de tres hijos. Fue parte del escuadrón C130 que participó en Malvinas tripulando los imponentes aviones Hércules. Ese día, a bordo de un Hércules matrícula TC-63, el avión despegó a las 8.53 y el objetivo era realizar uno de los llamados “vuelos locos”, misión de alto riesgo ya que constaba de un vuelo rasante sobre el mar a 590 km/h hasta una posición determinada. Luego seguía una rápida trepada con 30 grados “nariz arriba” hasta alcanzar los 10.000 pies, hacer barridos para detectar blancos y emprender un rápido descenso, para luego plancharse nuevamente sobre el mar con un cambio de rumbo de 45°.
Cuando eran las 10.35 y estaba a unos 40 kilómetros del Estrecho de San Carlos, el Hércules fue detectado por el HMS Minerva, quien transmitió la información a una PAC de Sea Harrier’s que se encontraban en las proximidades. Fue el teniente Nigel “Sharkey” Ward, a bordo del Sea Harrier XZ451, quien localizó al avión argentino con su radar. Para entonces los integrantes del TC-63 conocían que habían sido detectados, pero ignoraban que el ataque sería tan inmediato.
Ward lanzó dos misiles Sidewinder: el segundo se dirigió directo al avión, que cayó al mar cerca de las 10:50. No hubo sobrevivientes. En homenaje a Meisner, una calle de Derqui lleva su nombre, de la forma que se llamó el hospital que durante años funcionó en la localidad.
El legado
Cuando Marcelo Iturbe recibió la noticia de que iría a la guerra no sintió temor sino orgullo: cabo segundo aeronáutico, tendría la oportunidad de expulsar en carne propia al invasor del suelo patrio. Sin embargo, las experiencias atravesadas en las Malvinas hasta que una herida en combate lo sacó de la contienda fueron celosamente guardadas por él. Así, este veterano de guerra (hoy de 63 años) se guardó más de tres décadas su condición de excombatiente, sin contarle ni siquiera a su esposa e hijos.
“Mantuve un silencio como la gran mayoría de los veteranos por más de 30 años. Mi mujer tampoco, nadie, nunca quise hacerlos sentir mal o con un sentimiento encontrado por un tema personal”, confirmaba en entrevista con El Diario Regional de Pilar en 2023.
Pero, además, aún reserva un tesoro para la próxima generación: una mochila o bolsa de equipo con todas las pertenencias que usó en Malvinas, bagaje que sólo podrá ser abierto el día de mañana por los hijos de sus hijos. “Todas mis pertenencias quedaron en esa bolsa –expresó- y como entendí que yo no tenía nada que hacer con esas cosas ni mis hijos, dije que alguna vez si alguien la abriese que fueran mis nietos”.
El abrazo
Hija de Néstor Cabrera –sorteado en 1982 para ir a las islas-, Martina Cabrera fue bautizada en el cenotafio por el Padre Fernández. Fotógrafa criada en Peruzzotti, lleva la causa Malvinas bien adentro y en 2018 retrató a su padre en el predio de la ruta 28. “El abrazo que no se dio con los héroes que no volvieron” es el nombre que ella eligió para su obra, ganadora del 1º premio de un concurso organizado por la prestigiosa Escuela Motivarte. Desde ese año, la foto está exhibida en el cenotafio de la ruta 28.